jueves, 6 de noviembre de 2025

¿Estás viviendo lo que predicas?

 


Vivimos rodeados de frases cristianas, prédicas virales y perfiles en redes con versículos diarios. Pero entre tanta exposición, una pregunta incomoda y necesaria resuena:

¿Estás viviendo lo que predicas?

El capítulo 1 de la Primera Carta a Timoteo no solo confronta falsas enseñanzas, sino que nos enfrenta al espejo de la coherencia: ¿lo que digo que creo... realmente lo vivo?

Pablo, un testigo que vivía lo que predicaba

En 1 Timoteo 1:12–17, el apóstol Pablo no presume de su espiritualidad. Todo lo contrario: recuerda su pasado como blasfemo y perseguidor. Pero también reconoce algo glorioso: la gracia de Cristo lo transformó totalmente.

“Me fortaleció… habiéndome sido fiel, poniéndome en el ministerio.”
(1 Timoteo 1:12)

Pablo no era perfecto, pero sí coherente. No predicaba teorías: predicaba un evangelio que lo había cambiado por dentro.

Himeneo y Alejandro: el caso opuesto

El capítulo termina con dos nombres que nos advierten qué pasa cuando la doctrina correcta no se acompaña de una vida limpia:

“Himeneo y Alejandro… naufragaron en cuanto a la fe.”
(1 Timoteo 1:19–20)

¿El problema? Descuidaron la buena conciencia. Predicar sin integridad no solo destruye el testimonio… destruye la fe.

Ejemplos de quienes vivieron lo que predicaban

  • Pablo: de perseguidor a predicador (1 Timoteo 1:16)
  • Timoteo: joven fiel en conducta y doctrina (2 Timoteo 3:10)
  • José: resistió el pecado en secreto (Génesis 39)
  • Daniel: oró con convicción, aunque lo espiaban (Daniel 6)

Estos hombres no eran solo oyentes o predicadores… eran ejemplos vivos.

Ejemplos de los que no vivieron lo que enseñaban

  • Himeneo y Alejandro: naufragaron en la fe
  • Ananías y Safira: fingieron santidad y murieron por mentir (Hechos 5)
  • Los fariseos: Jesús los denunció por decir… y no hacer (Mateo 23)

 Entonces… ¿Qué significa vivir lo que predicas?

  • Que tu vida privada y tu enseñanza pública coinciden.
  • Que no usas la Biblia como disfraz, sino como espejo.
  • Que tu integridad pesa más que tus palabras.
  • Que puedes decir como Pablo:

“Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.” (1 Corintios 11:1)

Aplicaciones prácticas

Hazte estas preguntas sinceras:

  • ¿Predico perdón, pero vivo con resentimiento?
  • ¿Hablo de fe, pero actúo en miedo y ansiedad?
  • ¿Llamo a santidad, pero escondo pecado?

Recuerda esto:
Tu autoridad no viene del micrófono, ni de tus títulos, sino de tu testimonio.

Conclusión: que tu vida predique más fuerte que tus palabras

La pregunta sigue de pie:
¿Estás viviendo lo que predicas… o solo repitiendo lo que oíste?

Hoy, más que nunca, el mundo necesita creyentes que no solo hablen de la verdad, sino que vivan la Verdad.

¿Y tú?

¿Dónde necesitas alinearte con el mensaje que predicas?
¿Qué áreas de tu vida están desajustadas con tu fe?
¿Qué puedes hacer hoy para caminar con una conciencia limpia?

Déjalo en los comentarios o compártelo con alguien que necesite esta reflexión.

 Ante todo… vive la Verdad.


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