lunes, 3 de noviembre de 2025

El peligro de enseñar sin entender



En tiempos donde cualquier persona puede abrir una red social y enseñar “en el nombre de Dios”, urge volver a una verdad olvidada: enseñar las Escrituras no es un juego, es una responsabilidad sagrada.

El apóstol Pablo lo dejó claro en su carta a Timoteo. En 1 Timoteo 1:3–11, advierte sobre personas que enseñan doctrinas erróneas no necesariamente por maldad, sino por ignorancia peligrosa. Su error no era solo lo que decían, sino que ni siquiera entendían lo que decían.

“Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.”
(1 Timoteo 1:7)

Y eso, para Pablo, es contrario al glorioso evangelio (v.11).

Enseñar sin entender: una vieja advertencia, un problema actual

Los falsos maestros que Pablo confronta en Éfeso usaban la ley sin discernimiento. Hablaban mucho, pero con poco fundamento. Querían parecer sabios, pero su ignorancia los convertía en peligrosos.

Este tipo de enseñanza no solo confunde, desvía.

Hoy no estamos tan lejos de ese problema. Hay predicadores que citan textos fuera de contexto, maestros que confunden palabras similares, e intérpretes bien intencionados pero mal preparados. Y el resultado no es menor: la Verdad es reemplazada por tradición, suposición o manipulación.

¿Ignorancia inocente o negligencia peligrosa?

Muchos enseñan con pasión, pero sin preparación. Como dijo alguien:

“No es suficiente tener fuego en el corazón, si tienes humo en la cabeza.”

Pablo no solo advierte sobre los herejes que tuercen la Escritura a propósito (como en Gálatas 1:6–9), sino también sobre quienes enseñan sin saber lo que enseñan. Este tipo de error, aunque no tenga mala intención, sigue siendo dañino.

Ejemplos reales de errores comunes al enseñar la Palabra

Para enseñar bien, hay que manejar con precisión la gramática, el contexto y los conceptos bíblicos. Aquí algunos errores frecuentes que pueden distorsionar la verdad:

 1. Confundir "fingir" con "fungir"

  • Fingir = simular, aparentar lo que no es.
  • Fungir = ejercer un cargo o función.

“Él finge como pastor” → acusan de hipocresía.
Él funge como pastor” → informa que está cumpliendo un rol.

Un error simple, pero con implicaciones graves para la reputación y la enseñanza.

2. "El amor al dinero es bueno" (malinterpretación de 1 Timoteo 6:10)

El texto dice: “Raíz de todos los males es el amor al dinero.”

Algunos predican que si el dinero “viene de Dios”, entonces amarlo es bueno. Pero el problema no es el dinero, sino el amor desordenado hacia él. Esta mala interpretación ha nutrido el evangelio de la prosperidad.

3. "No juzguéis" (Mateo 7:1) mal usado

Muchos citan este verso para evitar cualquier corrección doctrinal. Pero el contexto muestra que Jesús no prohíbe juzgar, sino hacerlo sin hipocresía. De hecho, en el mismo capítulo Jesús dice: “Por sus frutos los conoceréis” (v.20).

4. "Dios no hace acepción de personas" (Hechos 10:34)

Algunos lo usan para negar que Dios tenga propósitos diferentes con cada persona. Pero el texto se refiere a que Dios ofrece salvación sin discriminación de raza o nación, no que todos reciben los mismos dones o llamados.

5. Romper la estructura del texto por falta de gramática

A veces se cambian los tiempos verbales o se ignoran las conjunciones. Por ejemplo, en Romanos 8:1:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…”

Algunos lo interpretan como que nunca habrá juicio o corrección para los creyentes. Pero el texto habla de la condenación eterna, no de la disciplina del Padre, que sí aplica (Hebreos 12:6).

¿Cómo evitar caer en estos errores?

1. Formarse seriamente

No se trata solo de orar, sino también de estudiar con humildad y profundidad.

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado… que usa bien la palabra de verdad.”
(2 Timoteo 2:15)

2. Consultar a otros, no enseñar en aislamiento

Muchos errores nacen del orgullo de querer interpretar solos lo que la iglesia ha reflexionado durante siglos. Dios ha dado maestros, teólogos y recursos para ayudarnos.

 3. Amar la verdad más que la popularidad

Enseñar la Palabra no es para buscar aplausos, sino para ser fieles al evangelio glorioso que se nos ha encomendado (1 Timoteo 1:11).

Conclusión: enseñar es una mayordomía, no un derecho

El evangelio es glorioso. Es el tesoro más precioso que hemos recibido. Pero ese tesoro puede ser mal administrado si no somos responsables en cómo lo transmitimos.

“A mí me ha sido encomendado…”
dijo Pablo. No era dueño del mensaje. Solo un mensajero fiel.

Y tú, ¿estás enseñando lo que Dios dice… o lo que tú crees que Él dice?


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