En la pintoresca Santa Elena, Ecuador, un individuo de mente brillante decidió contratar los servicios de una encantadora "cariñosa", seguramente deslumbrado por su simpatía y amabilidad. Tras un encuentro que seguramente fue tan dulce como un pastelito de guayaba, este caballero de capa caída decidió que la vida no le sonreía lo suficiente como para pagarle a su amable acompañante.
Como era de esperar, la señorita en cuestión no estaba
dispuesta a dejar pasar esta oportunidad de oro para hacer valer sus derechos,
así que decidió impartir una lección de justicia callejera al desconsiderado
cliente. Lo que siguió fue una escena tan teatral y llena de acción que habría
dejado boquiabiertos a los mejores coreógrafos de peleas callejeras.
Entre golpes, gritos y una multitud que sin duda
disfrutaba del espectáculo, la "cariñosa" demostró que su destreza no
se limita a los momentos de pasión, sino que también es una experta en enseñar
lecciones de vida. Al final, la lección quedó clara: en Santa Elena, nunca
subestimes el poder de una mujer despreciada y mucho menos intentes evadir un
pago justo (O)
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