miércoles, 16 de abril de 2025

¿Tiene futuro el correísmo? CR5 y Rafael Correa frente al desgaste de su propio legado

 


Tras la derrota de Luisa González y el avance de las investigaciones judiciales contra sus figuras clave, el movimiento Revolución Ciudadana (CR5) enfrenta el mayor desafío desde su fundación: reinventarse o extinguirse.


El movimiento Revolución Ciudadana, identificado en las últimas elecciones bajo la lista 5 (CR5), acaba de recibir una señal contundente del electorado ecuatoriano: la fidelidad ideológica tiene un límite, sobre todo cuando no hay renovación de liderazgos y el pasado judicial pesa más que las propuestas.

Aunque su candidata Luisa González alcanzó la segunda vuelta y obtuvo más del 47% de los votos, la derrota frente a Daniel Noboa expone una fractura interna y externa: la incapacidad del correísmo de reconectarse con una ciudadanía que ya no se moviliza por la nostalgia, y que asocia al expresidente Rafael Correa tanto con un período de estabilidad económica como con un aparato de corrupción institucionalizada.

CR5: un bastión menguante con estructura, pero sin narrativa nueva

El correísmo aún es fuerte territorialmente: controla alcaldías, prefecturas clave y posee una sólida maquinaria política. Pero su principal debilidad es estratégica. Su discurso gira en torno a un pasado glorificado y una defensa cerrada del expresidente Correa, hoy prófugo de la justicia con sentencia firme por cohecho en el caso Sobornos 2012-2016. Mientras sus adversarios ofrecen discursos hacia el futuro (aunque vagos), CR5 sigue mirando por el retrovisor.

La narrativa del “lawfare” —la supuesta persecución judicial con fines políticos— ha perdido eficacia fuera de su base dura. Y es precisamente ahí donde radica el problema: CR5 no ha logrado crecer ni captar nuevos votantes, especialmente entre los más jóvenes. Para una generación que no vivió el auge económico de los años dorados del petróleo, Correa no es un estadista, sino una figura controversial vinculada a escándalos y polarización.

Un entorno adverso: corrupción, juicios y pérdida de credibilidad

La percepción pública sobre Revolución Ciudadana se ve profundamente afectada por el prontuario de sus cuadros más visibles. Desde Jorge Glas —exvicepresidente condenado y recientemente reaprendido— hasta altos funcionarios procesados o prófugos, como Vinicio Alvarado y Alexis Mera, el partido carga con una mochila pesada. No es solo una batalla judicial: es una crisis de legitimidad.

El electorado ya no distingue entre la obra pública del pasado y las irregularidades denunciadas. El relato del “perseguido político” ha sido eficaz durante años, pero hoy choca con una ciudadanía harta de impunidad, que exige respuestas éticas más allá del victimismo político.

El rol de Rafael Correa: ¿líder eterno o figura en retirada?

Rafael Correa sigue siendo el eje del movimiento, su principal vocero y estratega desde Bélgica. Pero esa centralidad es también un problema. Su liderazgo omnipresente impide la emergencia de nuevas figuras con autonomía política. Luisa González, a pesar de su despliegue en campaña, fue percibida como una delegada más que como una opción propia. Sin la sombra de Correa, tal vez su perfil habría tenido mayor alcance.

El exmandatario enfrenta una encrucijada: seguir controlando el movimiento desde el exilio, o permitir un relevo que lo mantenga vigente en otras formas. Por ahora, su figura continúa polarizando. Para unos, sigue siendo el mejor presidente de la historia reciente; para otros, el rostro de una era de excesos autoritarios, persecución a la prensa y corrupción institucional.

¿Qué futuro tiene CR5?

Revolución Ciudadana tiene tres caminos posibles: radicalizarse en la oposición, diluirse en un espacio político cada vez más volátil o reinventarse con nuevos liderazgos y un discurso menos centrado en el pasado. El primero la mantendría viva, pero marginal. El segundo, la condenaría al olvido. El tercero es el más difícil, pero el único que podría darle viabilidad real a mediano plazo.

Mientras tanto, la ciudadanía observa con más distancia que pasión. El resultado de las últimas elecciones demuestra que el correísmo ya no es sinónimo de victoria asegurada. Su supervivencia dependerá de su capacidad de entender este mensaje y transformarlo en autocrítica, apertura y evolución. (O)



martes, 15 de abril de 2025

Ecuador tras las urnas: el significado profundo de la victoria de Daniel Noboa y la derrota de Luisa González




Más allá del resultado electoral, el triunfo de Daniel Noboa revela una reconfiguración social en Ecuador que marca el inicio de un nuevo ciclo político: el poder joven, apolítico y de soluciones rápidas. ¿Está listo el país para esta transformación?


En un Ecuador marcado por la violencia, la desesperanza económica y el desencanto con la clase política tradicional, la elección presidencial anticipada de 2023 no fue solo un acto democrático, sino un termómetro social. La victoria de Daniel Noboa sobre Luisa González no se explica únicamente en términos de campaña, carisma o propuestas. El resultado representa un giro generacional, una reacción visceral a los extremos ideológicos, y, quizá sin que el propio electorado lo haya planeado, el inicio de una nueva lógica de poder.

Noboa: la victoria de la “antipolítica” bien vestida

Daniel Noboa ganó porque no parecía un político. Su juventud, su tono mesurado y la ausencia de escándalos previos jugaron a su favor en un momento donde el desgaste institucional estaba en su punto más alto. Pero reducir su triunfo a una narrativa de “nuevo rostro” sería simplista. Noboa supo leer algo que ni sus asesores, ni los medios, ni los analistas tradicionales detectaron con claridad: el país no buscaba ideología, buscaba funcionalidad.

Mientras Luisa González hablaba desde la épica correísta, apelando a una masa fiel pero estancada, Noboa hablaba de seguridad, empleo y digitalización del Estado. No importaba que sus planes fueran vagos en los detalles; su tono era el de alguien que “ya lo está haciendo” más que el de alguien que promete hacerlo. En un país acostumbrado a discursos inflamados, su estilo frío y empresarial sedujo a una mayoría silenciosa que ya no cree en los políticos, pero aún cree en el Estado como solución.

La derrota de Luisa González: una lealtad que no alcanzó

Luisa González no perdió por ser mujer ni por falta de preparación. Perdió porque el correísmo, aún fuerte, se convirtió en una prisión discursiva. Su campaña fue más una defensa del legado de Rafael Correa que una propuesta de futuro. En un país donde la nostalgia ya no moviliza a los jóvenes y el miedo ya no alinea a las clases medias, la estrategia de resistencia resultó estéril.

González encarnó una lealtad admirable pero inviable. No logró ampliar la base electoral más allá del núcleo correísta, ni adaptar su mensaje a un electorado cada vez más urbano, digital y desideologizado. Su figura, paradójicamente, fue moderna en apariencia pero anclada en una narrativa de hace quince años.

¿Qué significa realmente el gobierno de Noboa para Ecuador?

Aquí es donde el análisis debe ir más allá del titular. Noboa no tiene partido sólido, no cuenta con una bancada leal y enfrenta una crisis de seguridad sin precedentes. Su capital político es el apoyo popular, pero su reto será traducirlo en gobernabilidad real.

Lo que está en juego no es solo si podrá cumplir sus promesas, sino si podrá cambiar el paradigma de gestión pública en Ecuador. Si Noboa logra gobernar con eficiencia técnica, transparencia y sentido práctico, podría sentar un precedente inédito: demostrar que un gobierno no necesita épica ni culto al líder para funcionar. Si fracasa, será el último clavo en el ataúd del discurso “ni de izquierda ni de derecha” y un retorno inevitable al péndulo ideológico.

Reflexión final: el dilema de una ciudadanía cansada

El triunfo de Noboa debe leerse como un síntoma más que como una solución. Ecuador no eligió un modelo político, eligió una pausa. Eligió aire, no rumbo. Pero las pausas también son momentos de inflexión. Si el joven presidente logra instalar una lógica de resultados sin polarización, podría iniciar un nuevo capítulo en la historia del país. Si no, lo que hoy parece un cambio generacional será solo una anécdota más en el vaivén de la frustración latinoamericana.

La pregunta es: ¿está Ecuador preparado para una política sin mitos? 


Vicente Andrade Y.

domingo, 13 de abril de 2025

¡Hosanna! El Rey ha llegado — ¿Lo recibirás tú también?

 


Hace más de dos mil años, un hombre montado en un humilde burro entró en Jerusalén, y la multitud lo recibió con palmas, gritos de júbilo y corazones llenos de esperanza. Gritaban: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mateo 21:9). Ese hombre era Jesús —el Mesías prometido, el Rey de reyes, el Salvador del mundo.

Pero Jesús no entró como un conquistador militar. Entró en humildad, con un corazón dispuesto a entregar su vida por amor a ti y a mí. No venía a tomar un trono de poder, sino a establecer un Reino eterno en los corazones de los que creen.

¿Y tú? Hoy Jesús también se acerca a tu vida. No viene forzando su entrada. Viene con misericordia, con los brazos abiertos, ofreciéndote perdón, paz, y una vida nueva. Él es el Rey que trae salvación, pero necesita ser recibido no solo con palabras, sino con el corazón.

Así como Jerusalén tuvo su momento para decir “sí” al Rey, hoy tú tienes el tuyo. No dejes pasar la oportunidad de recibir al que vino a dar su vida por ti. Que no sea solo una emoción del momento, como fue para muchos en aquella multitud, sino una decisión de fe y entrega.

Jesús te llama. ¿Estás dispuesto a abrirle la puerta de tu corazón?

“He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre un asna.” (Mateo 21:5)

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él...” (Apocalipsis 3:20)

Hoy es el día. ¡Recíbelo con gozo! Hosanna, el Salvador ha venido. Y ha venido por ti.